Tegucigalpa (Especial Proceso Digital) – A menos de un mes de haber asumido la silla presidencial el mandatario Nasry Asfura, los miembros de su gabinete revelan, a cuentagotas, el colapso del Estado que les ha sido heredado: millonarias demandas laborales, cuantiosas planillas fantasmas, contratos vencidos que afectan la salud de los hondureños, reparto de puestos con jugosos salarios a discreción y unas finanzas públicas que apenas alcanzan para los gastos del día a día.
En su más reciente visita a la costa norte del país, donde Asfura ha intensificado sus llegadas en búsqueda de compromisos empresariales que generen empleo e inversión, el mandatario hondureño fue lapidario al señalar que han encontrado una nación con las arcas en “números rojos”.
“Estamos en números rojos que fueron cargados y que ahora necesitamos ver cómo lo cumplimos”, dijo el gobernante hondureño al referirse a las demandas laborales y a una deuda flotante recibida de un poco más de 24 mil millones de lempiras, que aseguró, “debe ser honrada”.
Durante las primeras dos semanas del nuevo gobierno, la dimensión de cómo se encontraba el país no estaba muy clara, pero poco a poco, empieza a aflorar una piñata de repartos y discrecionalidades hechas al último momento por el régimen de la expresidenta Xiomara Castro del izquierdista partido Libertad y Refundación (Libre). Las finanzas no estaban sólidas y mucho menos jugosas como anunciaron los exfuncionarios de Libre antes y posterior a haber dejado el poder.
Los hallazgos son por ahora la punta del iceberg en vista que no hubo una transición de gobierno como era lo estimado, los nuevos burócratas han ido encontrando en el camino las piedras dejadas que les impiden actuar con diligencia. En apenas 10 días, la administración de Asfura se encontró con que debe dar respuesta a una demanda de más de 3 mil millones de lempiras por embargos laborales. Estos montos no estaban contemplados en el presupuesto de la República vigente